jueves, 28 de mayo de 2009

Levantó la cabeza de su libro.
Dejó de sumergirse en una buena lectura,
para lucir unos grandes ojos abiertos como platos y una cara pálida.
Sudoroso y con temblores, apartó el libro en aquella vieja mesilla de noche.
Ella, siempre al lado, le dijo: ¿Estás bien?
y él contestó: No me dejes solo nunca, abrázame, quiero sentirte junto a mi.
Y se sumergieron en una gran burbuja de amor, cariño, protección..

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